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La Cicatriz


La Cicatriz

¿Por qué hablarle a mi cuerpo?; Eso me preguntó una paciente, no me dijo que era una ridiculez, pero estoy segura que lo pensó. –“Háblale a tu tobillo, reconcíliate con tu cicatriz”, le dije yo. ¿Por qué debería hablarle a mi cuerpo?... El cuerpo físico, es una manifestación de nuestro cuerpo interior. Cuando tenemos una cicatriz, muchas veces, se vuelve una cicatriz del alma. Piense que esa cicatriz, puede representar todo lo malo que vivió dentro de su proceso de lesión, cirugía, recuperación y rehabilitación. Esa cicatriz, puede representar lo peor pero a la vez, lo mejor de su progreso. Representa miedos, inseguridades, angustia, pero a la vez, esa cicatriz es sanación, es evolución, es transformación y para muchos casos, es vida.

El hablar con tu cuerpo, sirve de estímulo al cerebro, trabajando de la mirada de la conciencia corporal, ¿recuerdan ese post?, bueno, si no lo recuerdan, lo definiré nuevamente; Es la unión entre la propiocepción (Es un sentido, que informa a nuestro cerebro, de las diferentes posiciones que van teniendo nuestros músculos, articulaciones) y la interocepción (es un sentido que transmite a nuestro cerebro la información proveniente de las vísceras).

Cuando hablas con tu cuerpo, estás transmitiendo estímulos al cerebro, no nos damos cuenta, pero sucede. Esos estímulos, nos ayudan a fomentar la conciencia corporal, pero además, nos ayuda a trabajar las emociones con respecto a la lesión que tuvimos. ¿Cuándo pelea con alguien, como se reconcilia?... hablando, conversando, amigándose de nuevo. Ahora, ¿le parece extraño que le diga que se reconcilie con su cicatriz?... la cicatriz por malos recuerdos que nos traiga, es y será siempre parte de nuestro cuerpo, por ende la veremos todos los días, y debemos aprender a amarla de nuevo, que sea parte de nosotros, transmitirle al cerebro, que esa zona es mía, es parte de mí, que debe tener la misma sensibilidad que lo que tiene alrededor, que no tiene porqué doler.

Cuando se logra dar ese paso, les diré queridos pacientes, que tienen un gran porcentaje de su rehabilitación avanzado. Cuando se logra incorporar la extremidad lesionada, cuando se logra sentir esa zona impecable, la comparamos con su tocaya contralateral y apreciamos que sirve, tolera, funciona igual o casi igual, pues… ¡SE VA DE ALTA!, y me pongo de pie y lo o la aplaudo, por todo lo logrado, porque gracias al esfuerzo de ambos, ese proceso que muchas veces fue tedioso, angustiante, aburrido, frustrante… por fin, finalizó, con la alegría de su kinesióloga y las palabras que rondarán en su mente diciendo “misión cumplida”.


Espero sus comentarios


Un abrazo fraterno


Loreto Goeppinger

Kinesióloga

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